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No estamos en crisis!!!

POR CATAS NOMADES.

Se señala a las nuevas generaciones, a quienes buscan una vida más “saludable”, o al crecimiento de los destilados y la coctelera como culpables de la baja del consumo del vino en Chile ( y globalmente). Pero la verdad es simple: el problema no solo es la falta de interés o el cambio de sus hábitos , es la falta de conexión.
Y ahí es donde entramos nosotros.
Porque mientras más presentes estemos —productores, educadores y vendedores—, más oportunidades generamos. Más personas descubren, prueban, preguntan y, sobre todo, se acercan al vino desde un lugar real. No se trata solo de vender, se trata de crear vínculo.
Hoy el vino chileno está más vivo que nunca. La diversidad es enorme: vinos naturales, sin sulfitos, veganos, de autor, íconos, ediciones limitadas… hay una propuesta para cada tipo de consumidor. Pero nada de eso importa si no se muestra, si no se cuenta, si no se vive.
Aquí es donde toman protagonismo Las ferias de vino, estas actividades son un puente.
Son el espacio donde el vino deja de ser un producto y se transforma en experiencia. Donde el consumidor conversa directamente con quien lo hace, entiende su origen, su historia y descubre —muchas veces por primera vez— qué le gusta realmente.
Ahí ocurre la magia.
Durante 2025, las ferias demostraron su fuerza, consolidándose como puntos clave de encuentro. Y este 2026, lejos de detenerse, están creciendo: más público, más interés, más oportunidades.
Porque cuando el vino se acerca, conecta.
Y cuando conecta, se queda.

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